“Demian” por Herman Hesse
Fue difícil revisitar un libro que leí hace tanto tiempo.
Aún recuerdo el impacto que produjo en mí ese libro, aunque ya había pasado por mi adolescencia. Lo leí en una terna junto con “El lobo estepario” y “Sidharta”.
Demian fue desvastador para mí. Fue junto con “En busca de lo milagroso” de Piotr Ouspensky lo que marcó el fin a una ingenua creencia que había moldeado desde los 14 años.
De pronto todo aquello que yo rechazaba en mí era parte de Abraxas, un dios que juntaba lo malo y lo bueno. De pronto ví que las cosas podían tener muchas interpretaciones y no una sola lineal y acabada.
Asombrosamente, Demian aún tenía cosas para decirme. Me recordó el camino del héroe, me recordó que todo nacimiento es una muerte y que uno debe romper el huevo como ese gavilán amarillo y naranja, hacia posibilidades insospechadas.
No necesariamente lo que vendrá será mejor, pero el precio de crecer es la conciencia a lo que antes estaba escondido de nuestra mirada.
Con Sinclair vamos recorriendo un despertar doloroso e inevitable, en el marco de una sociedad de férreos valores y creencias.
Hoy en día la búsqueda de Sinclair se me hace que sería mucho más sencilla en algunos aspectos y más difícil en otros. Sencilla porque no debería ir en contra una sociedad tan estructurada, y difícil por lo mismo; su búsqueda no tendría el contrapeso adecuado para hacer que nazca de lo profundo aquello que queremos ser.
Quizás la idea de Abraxas parezca hoy ingenua, o me lo parezca a mí; sin embargo no rechazar aquello que consideramos “malo”, incluírlo como parte de nosotros y por lo tanto tener “la marca” debe ser a veces un enorme, gigantesco paso hacia adelante.
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